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DESARROLLO HUMANO

DESARROLLO HUMANO

crecimiento económico

Author: SuperUser Account/Friday, April 4, 2014/Categories: Fiscal

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En general la búsqueda constante del crecimiento económico, o la estabilidad económica de un país llamados desarrollados o emergentes, según sea el caso, ha generado a nivel mundial la perdida de los objetivos primarios de la vida en sociedad, misma que se busca en el buen funcionamiento del aparato en el Estado, que se denomina bienestar o como se ha renombrado en los últimos años el desarrollo humano.

El crecimiento económico, por sí solo no se traduce automáticamente en el progreso del desarrollo humano cuando se observa solamente la parte monetaria. Las políticas a favor de los pobres dentro del gasto social e inversiones significativas en las capacidades de las personas (mediante un enfoque en educación, nutrición, y salud) pueden expandir el acceso al trabajo digno y brindar un progreso sostenido.

En todos los casos la generación de empleo en un país, significa la forma correcta de distribución de la riqueza y fomentando la equidad en un sentido social. La equidad es un elemento fundamental para el desarrollo humano. Todas las personas tienen derecho a vivir una vida gratificante, acorde a sus propios valores y aspiraciones.

Nadie debería estar condenado a vivir una vida breve o miserable por ser de una clase social o país “equivocado”, pertenecer a una raza o a un grupo étnico “equivocado”, o ser del sexo “equivocado”.

La desigualdad reduce el progreso en desarrollo humano y, en algunos casos, podría impedirlo por completo. En las últimas dos décadas, a nivel mundial se han producido reducciones mucho más grandes en la desigualdad en salud y educación que en ingresos. Se pueden observar países con un ingreso per cápita (promedio) más que aceptable, pero con un nivel de educación bajo y con deficiencias en los servicios de salud.

Lo anterior no es más que un reflejo constante de la importancia que se le otorga a cuantificar el desarrollo de un país en términos monetarios y no en términos del desarrollo de los ciudadanos o en la equidad del individuo. Por ello debemos regresar al objetivo primario de toda sociedad, a observar el desarrollo humano.


Existen cuatro áreas específicas de enfoque teórico para sostener el impulso del desarrollo humano, mismas que se convierten en los primeros conceptos a observar dentro de un país que busca el desarrollo:
Mejora de la igualdad, incluida la dimensión de género;
Dotación de voz y participación a los ciudadanos;
Confrontación de presiones ambientales; y
Manejo del cambio demográfico.

En las últimas décadas, países de todo el mundo se han encaminado a la búsqueda de  niveles más altos de desarrollo humano (DH). El ritmo de progreso del DH ha sido más rápido en países ubicados en las categorías inferiores y centrales de desarrollo humano.

No obstante, para progresar se necesita más que una mejora promedio en el DH. No es deseable ni sostenible que el crecimiento del DH esté acompañado por una creciente desigualdad en los ingresos y patrones insostenibles de consumo.

Un Estado responsable, con independencia de su nivel de desarrollo económico, debe implementar políticas tanto para el sector público como privado basándose en un liderazgo y una visión a largo plazo, en normas y valores compartidos, y en reglas e instituciones que promuevan la confianza y la cohesión. Para lograr una transformación perdurable, las naciones deben elaborar un enfoque consistente y equilibrado para el desarrollo.

Los países que han logrado con éxito impulsar y sostener el crecimiento en ingresos y desarrollo humano no han seguido una única y simple receta.

Ante diversos desafíos, han debido adoptar políticas cambiantes en lo que respecta a regulación de los mercados, promoción de las exportaciones, desarrollo industrial, y adaptación y avances tecnológicos. Se debe priorizar a los ciudadanos y promover las oportunidades, protegiéndolos a su vez de los posibles riesgos de un deterioro en la situación.

Pocos países han podido sostener un rápido crecimiento sin realizar enormes inversiones públicas, no solo en infraestructura, sino también en educación o salud. Es por ello que el objetivo debe ser el de crear ciclos virtuosos donde el crecimiento y las políticas sociales se refuercen mutuamente. Con frecuencia, el crecimiento es mucho más efectivo en cuanto a reducción de la pobreza en países donde la desigualdad de ingresos es baja que en aquellos donde hay una desigualdad elevada. Promover la igualdad, especialmente entre diferentes grupos religiosos, étnicos o raciales, también contribuye a minimizar el conflicto social.

Contar con educación, atención de la salud, protección social, empoderamiento legal y organización social, lo cual permite que los pobres participen en el crecimiento. El equilibrio sectorial existente (considerando especialmente al sector rural), al igual que la naturaleza y la velocidad de la expansión del empleo resultan fundamentales para determinar la medida en que el crecimiento se refleja en los ingresos. No obstante, incluso estos instrumentos de políticas básicas pueden no ser suficientes para empoderar a los grupos marginados.

Sin el apoyo de la inversión privada que complemente al desarrollo de los sectores económicos y en forma directa al ingreso del estado, no se podría concretar a los instrumentos políticos para obtener resultados más importantes.

Los márgenes pobres de la sociedad luchan por expresar sus inquietudes, mientras que los Gobiernos no siempre evalúan si sus servicios verdaderamente llegan a todos.

Las políticas sociales deben promover la inclusión (garantizar un trato justo y sin discriminación resulta fundamental para la estabilidad política y social) y brindar servicios sociales básicos que permitan apuntalar el crecimiento económico a largo plazo, respaldando el surgimiento de una fuerza de trabajo saludable e instruida. No todos estos servicios deben ser necesariamente públicos.

De cualquier modo, el Estado debe garantizar el acceso de todos los ciudadanos a las necesidades básicas para el desarrollo humano. No en un sentido financiero, sino con las políticas publicas que busquen transformar sus objetivos o bien cambiarlos radicalmente para obtener resultados que beneficien a la ciudadanía.

Una agenda para la transformación del desarrollo que promueve el desarrollo humano es de naturaleza polifacética: expande los bienes de las personas mediante la universalización del acceso a los servicios sociales básicos; mejora el funcionamiento del Estado y de las instituciones sociales para fomentar un crecimiento equitativo donde se han extendido los beneficios; reduce las limitaciones burocráticas y sociales que atentan contra la acción económica y la movilidad social; y mantiene la rendición de cuentas del liderazgo.

Tan amplia y diversa es, que no podemos considerar la aplicación inmediata de estas actividades, debemos considerar un periodo amplio de transición donde el primer paso debe de fomentarse la educación en todos las ámbitos de la sociedad que permee a los actos políticos a mediano plazo. Son objetivos a largo plazo.

La educación a los ciudadanos y la conciencia social permitirá dar un enfoque diferente al individuo en materia de economía y finanzas públicas, así como en la conducta moral relacionada con el tema de las contribuciones. Una ciudadanía educada se encamina a actos conscientes de bienestar común que se trasforman en desarrollo del individuo.

No se puede solicitar al Estado una agenda de transformación cuando la educación del ciudadano es nula desde su origen, considerando dentro de estos conceptos conductas morales que deben ser proyectadas en su máxima expresión, tales como la honestidad y la solidaridad.

La educción genera entonces el primer punto relevante para obtener un desarrollo humano, considerando que la educación del ciudadano brinda a la administración pública elementos para un mejor actuar y la aplicación de políticas públicas encaminadas a la transformación de la sociedad y de los ciudadanos. No puede existir una agenda política de transformación si el propio ciudadano no la entiende o no se encuentra consciente del objetivo que se busca.

La educación genera también resultados sorprendentes en cuanto a salud y mortalidad. La investigación realizada por la ONU revela que el grado de educación de las madres es más importante para la supervivencia infantil que los ingresos o la riqueza del hogar y que las intervenciones políticas tienen un mayor impacto donde los resultados educativos son inicialmente más débiles.

Esto tiene profundas implicancias políticas, que trasladan potencialmente el énfasis desde las iniciativas para impulsar los ingresos familiares a las medidas para mejorar la educación de las niñas.

Entonces, se considera que uno de los instrumentos más poderosos para lograr este propósito (Desarrollo Humano) es la educación, que aumenta la autoestima de las personas, les permite tener visión de empresario o  encuentra mejores trabajos, genera mayores ingresos, contribuyen en forma correcta, participan en debates públicos y exigen respuestas al Gobierno en temas como la atención de salud, seguridad social y otros derechos.

Con lo anterior se expresa la necesidad de enfocar el gasto social a la educación para fomentar a mediano y largo plazo una distribución de la riqueza dentro de cada comunidad, aprovechando los apoyos sectoriales y las ventajas que otorgan en lo general las economías emergentes, que son las que carecen de un desarrollo social.

La política de redistribución del ingreso debe sustentarse en las oportunidades de negocio que pueden tener los ciudadanos y solo se podrán obtener educando a los sectores más desprotegidos para tener acceso a las áreas de oportunidades y no desperdiciar los gastos sociales dirigidos.

La parte relevante de prevención solo se logra con una política de información de medios la cual forma parte de la educación del ciudadano, esta debe combatir deficiencias alimenticias que provocan enfermedades degenerativas que a su vez generan un mayor gasto de salud para la administración pública.

El problema fundamental de la economía de un país en desarrollo, es la observación de la partida de gastos públicos, que deben enfocarse a la reactivación de la economía interna y la búsqueda de la distribución de la riqueza, que se traduce en un ingreso para el gobierno por medio del incremento de las contribuciones. El ciclo se ve reflejado en un desarrollo de las comunidades y al final en el desarrollo humano.

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